GENERAL, HISTORIA

Museo de la Guerra Civil «El Cuetu»

A pesar de que ya han pasado ocho décadas desde el fin de la Guerra Civil Española (1936-39) a día de hoy las heridas de este trágico suceso siguen abiertas. Una etapa histórica que sigue generando agrias polémicas y acaloradas discusiones políticas sin vistas a que se terminen, a pesar de que la mayoría de sus protagonistas directos y quienes la vivieron, ya hace tiempo que expiraron. Así pues, sacar tanto este tema como el de la posterior dictadura del bando ganador es entrar en terreno pantanoso. Llegado a este momento, hay que reconocer el mérito de proyectar un museo dedicado al conflicto bélico. Siendo  este el caso del Bunker y Museo de El Cuetu (Asturias).

Se trata del fruto de años de afición y pasión por recopilar todo tipo de objetos relacionados con la Guerra Civil por parte de varios entusiastas y donaciones particulares. Donde hay cabida para ambos bandos (Nacional y Republicano) sin distinción y con una finalidad puramente pedagógica para dar a conocer al gran público los artefactos empleados en esta lucha fratricida. Una inciativa que arrancó hace poco más de un año. Muy recomendable como plan alternativo de visita por Asturias.

El pasado sábado 16 de octubre reservaba una vista en horario de mañana. La incidencia COVID está en mínimos y ya era momento de aprovechar para recuperar el tiempo perdido, aunque siempre sin bajar la guardia y manteniendo las oportunas precauciones. La visita realmente consiste en dos partes situadas en diferentes localizaciones. Comienza en el bunker de El Cuetu, en Lugones, un emplazamiento elevado desde donde puede verse todo Oviedo (está a 5 km de la capital asturiana).  Este búnker perteneciente al bando republicano  es la estructura bélica más grande conservada en Asturias.  Constaba de una línea de trincheras de unos 350 metros y varios nidos de ametralladoras. En la actualidad sólo se conservan tres de esos nidos y varias galerías. En 1939, finalizada a contienda, se decidió construir adosado a sus muros  una casa de campo para ocio de los altos mandos, dedicado principalmente como club de tiro y caza al que también se equipó con piscinas y demás comodidades sólo al alcance de las clases acomodadas. Las obras finalizaron en 1944 recibiendo el recinto varios propósitos a lo largo de su vida. En 1989, acusado por las deudas,  acabó como monasterio para una congregación de monjas cistercienses hasta que finalmente lo abandonaron en 2006. En un estado vandalizado  fue adquirido en 2015 por el empresario Jorge Sandoval, uno de los  principales impulsores del museo, el cual por esas fechas pensaba montar un complejo hostelero,  pero finalmente tuvo la idea de  organizar  visitas guiadas y crear una exposición de sus piezas de colección. Este es el germen de un proyecto de gran interés histórico tanto para iniciados como profanos.

Porque reconozco que soy un profano en la materia, pero no por ello carezco de  interés por esta temática. Así que he de agradecer  la gran labor de los guías, siempre solícitos a cualquier consulta o pregunta. Porque aparte de compartir conocimientos también demuestran pasión. Con esta introducción, doy paso a lo que fue nuestra visita.

Previa reserva esa misma mañana y tras obtener las coordenadas, pues no es fácil llegar, nos presentamos en el Pico El Cuetu (Lugones) para comenzar a las 11:30 con una introducción histórica sobre la construcción de esta línea defensiva.

El búnker desde su zona exterior

Uno de sus nidos de ametralladoras

La antigua casa de campo/monasterio

Vistas desde su torre con Oviedo al fondo. Una lástima que ese día estuviera nublado y amenazando lluvia.

Tras las oportunas explicaciones históricas pasamos a recorrer parte de las galerías del búnker. No apto para claustrofóbicos y recomiendo llevar una linterna frontal. A través de los respiraderos y ventanas puede apreciarse el gran grosor de sus muros.

Mi coche visto desde uno de los pequeños ventanucos que antaño servían como línea de disparo…

Túnel de salida, anexo al antiguo monasterio

Tras esta primera presentación volvemos a arrancar al coche para ir al museo propiamente dicho. En Colloto, a unos 10 minutos. Pero a medio camino hicimos una pequeña escala en la empresa de Jorge Sandoval donde se encuentra su última adquisición en espera de ser restaurada: un tractor de artillería Fiat Pavesi L-31 de 1928.

Motor de cuatro cilindros gasolina de 4.7 litros. A pesar de su relativa escasa potencia (30-40 cv) era capaz de escalar pendientes del 75%.

Carburador Zenith

Sistema de encendido situado en el habitáculo

Las ruedas originales, de radios, paletas y bandas de goma, parece ser que fueron sustituidas por otras de avión en algún momento de su vida.

El museo de Colloto está situado en un local provisional, de sólo 650 m2. La idea es aprovechar las antiguas instalaciones de la Fábrica de Armas de  La Vega (Oviedo) pero de momento tan sólo se encuentran en negociaciones con Defensa, propietarios del edificio.

Lo primero que nos encontramos es con cartelería original de la época. Y recalco lo de originales pues tal como explicaron, las actuales reproducciones no son capaces de conseguir las tonalidades exactas y, sobre todo, el tacto, pues cada color presenta una textura diferente. De ahí ese valor que sólo los eruditos en la materia son capaces de apreciar.

Tras atravesar ese pasillo llegamos a tres salas contiguas. En una nos encontramos con dos vehículos cuya visión impresiona:

Este camión Ford 817T de 1937 tiene un gran valor histórico. Restaurado a su estado original y con matrícula ET-000046 se trata de uno de los pertenecientes a la caravana Términus, un puesto de mando móvil empleado por el propio General Francisco Franco compuesto por cinco camiones (otras fuentes afirman que fueron siete en total) acondicionados para diversos propósitos. Esta unidad en concreto cumplía como comedor y oficina de reuniones. Sobre estos camiones Ford existen varias leyendas, pero la realidad es que fueron carrozados por la empresa zaragozana Carde y Escoriaza. Tan sólo se conserva otra unidad, expuesta en el Palacio de El Pardo, con matrícula ET-000043 y equipada como dormitorio.

En España a este modelo de camión se le conocía popularmente como «María de la O», mote que ha llegado hasta nuestros días sin saberse bien el motivo, aunque el más aceptado relaciona la copla del mismo nombre con la forma de su parrilla. Equipaban el famoso V8 «Flathead» 221c.i. (3.6 l.)

El otro vehículo se trata de una réplica funcional del primer tanque diseñado y fabricado en España: Trubia A4. Su nombre lo recibe de la fábrica de armas situada en la localidad homónima de Asturias.Con capacidad para tres tripulantes, tan sólo se produjeron cuatro ejemplares. Esta fiel reproducción ha sido construida por el especalista granadino Israel Corral Jurado. No es el único trabajo suyo que veremos.

Una pequeña habitación está dedicada principalmente a la aviación, con maquetas de todos los modelos participantes en la guerra, cuadros del reconocido pintor Carlos Alonso y dioramas de escenas bélicas.

Chaqueta de vuelo Lemmercier, de manufactura francesa, era el equipamiento de los pilotos del bando republicano.

Pasamos a la sala más amplia de todas…

Nuevamente nos encontramos con una constante que ya vimos repetidas veces en cementerios militares (como durante nuestro viaje por Normandía): la juventud de los fallecidos en combate.

Aquí veremos una extensa colección de armas y demás militaria

Una de las más valiosas es esta ametralladora Hotchkiss M1914, fabricada bajo licencia en la Fábrica de Armas de Oviedo, fue empleada por ambos bandos.

Otro vehículo interesante, y también réplica realizada por Israel Corral Jurado, es el UNL-35. Considerado como el mejor blindado de la Guerra Civil, fue empleado por las tropas republicanas, aunque algunas unidades capturadas también prestaron servicio a las franquistas. Tras la Guerra, los supervivientes continuaron en servicio del ejército español e incluso del francés. No se conserva ninguno, de ahí el atractivo de esta réplica.

Especialmente llamativa es la réplica de la tanqueta Mercier Aragón de 1936, un modelo del que sólo se fabricó una unidad debido a carecer del rendimiento previsto.

Una pieza original y única por presentarse en su caja con todos sus accesorios (a excepción del cañón de recambio): ametralladora de avión MG-15 (Alemania)

Lápidas de soldados italianos participantes en el bando franquista

Una gozada observar de cerca la finura de acabados de este caja de mando (teleconmutador Morse).

Material médico y veterinario

Esta era la bomba más grande y pesada empleada durante los terribles bombardeos

Mesa fabricada con piezas de motores.

Motocicleta BMW R50 de 1966. Junto con Harley-Davidson, era la marca empleada por la escolta personal de Franco.

Actualmente hay más material pendiente de ser expuesto, entre los que se encuentran las réplicas, en plena fase de fabricación, de los aviones «Mosca«, «Chato«, Messerschmitt Bf 109 y hasta un camión blindado Hispano-Suiza MC30 que llevará motor original, . Sin embargo, las limitaciones del actual local lo hace imposible. Esperamos ansiosos, por tanto, de que el proyecto de un museo ubicado en la antigua Fábrica de La Vega, o más conveniente, acabe siendo una realidad.

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